| Para algunos jugadores, el juego va más allá del entretenimiento: se vuelve patológico. El jugador patológico tiene otros nombres: jugador excesivo, compulsivo, adicto,…Definen un sólo y mismo individuo que no se controla frente al juego, gasta sin límites, y que no tiene nada más que un sólo objetivo: volver a jugar. Alimenta una dependencia anormal al juego, que la medicina califica de”adicción sin droga”. |

600 000 personas en Francia sufren de dependencia al juego. Es una enfermedad psicológica. El jugador adicto se le puede comparar con un toxicómano. Alimenta una dependencia psíquica al juego que le impide de ser racional. Como cualquier otra adicción, no vive más que para aumentar la frecuencia de la dosis que necesita para alcanzar las sensaciones que se van a convertir cada vez más decepcionantes. La lógica le diría de parar este pasatiempos ruinoso que le obsesiona y le vuelve desgraciado, pero no puede, es la próxima “tirada” que ordena su voluntad. Y por ello, está preparado para todo. |
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| Si no se hace nada para parar el proceso, el jugador se enfrenta a consecuencias muy serias: |

| No nos volvemos jugador adicto de un día a otro. La adicción al juego evoluciona generalmente en varias fases, es la famosa trayectoria del jugador: |
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Los familiares del jugador adicto son por partida doble víctimas de la situación. Por una parte se somete a pérdidas financieras, a menudo catastróficas, pero su calidad de vida degenera seriamente. El jugador adicto agota psicológicamente a sus familiares, con constantes mentiras, las promesas que nunca se cumplen y el dinero desperdiciado. Sus parientes viven con el miedo de tener que asumir nuevas deudas y se sienten impotentes, deprimidos de cara a un jugador sobre que nada ni nadie tiene influencia. |













































